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El diario de Po

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Educación Social y Desarrollo Sostenible

Educación Social y Desarrollo Sostenible

La importancia de las definiciones: Gaza, genocidio y el papel de la Educación Social

28 de septiembre de 2025 · José Poveda · 4 min de lectura

Las palabras no son neutrales. Nombrar un hecho social, político o humano con un término u otro no solo describe la realidad: también la interpreta, la enmarca y orienta la forma en que actuamos frente a ella. En este sentido, las definiciones importan, y lo que está ocurriendo en Gaza es un ejemplo claro.


¿Genocidio o conflicto armado?

En el debate público internacional, algunos actores evitan usar la palabra genocidio para referirse a las actuaciones de Israel en Gaza. Prefieren expresiones como “guerra”, «masacre», “enfrentamiento” o “conflicto”. Sin embargo, las consecuencias visibles —miles de muertes de civiles, destrucción sistemática de infraestructuras básicas, desplazamientos masivos y bloqueo de ayuda humanitaria— han llevado a instituciones, juristas y organismos de derechos humanos a cuestionar seriamente esa omisión.

Definir lo que ocurre como “genocidio” implica reconocer un crimen de la máxima gravedad según el Derecho Internacional, y con ello asumir responsabilidades políticas y jurídicas. Evitar esa palabra, en cambio, contribuye a diluir la dimensión de la tragedia, despojándola de su carácter estructural y presentándola como una mera consecuencia colateral de la guerra.


El poder de nombrar

Las definiciones no son inocentes:

  • Nombrar como genocidio significa reconocer una intención de exterminio parcial o total de un pueblo.
  • Nombrar como guerra puede insinuar una relación de fuerzas equilibradas que en realidad no existe.
  • Nombrar como enfrentamiento tiende a reducir la percepción de gravedad, invisibilizando las asimetrías y responsabilidades.

El poder de las palabras influye en la percepción social, en las decisiones políticas y en la legitimidad de la acción humanitaria.


Educación Social: un lugar desde el que nombrar

Aquí es donde la Educación Social cobra una relevancia especial. Al ser una ciencia humanista, no está subordinada a intereses partidarios ni económicos. Su esencia es la dignidad de las personas, la justicia social y la construcción de convivencia.

Desde este lugar, la Educación Social debe:

  • Nombrar la realidad con honestidad, sin maquillajes ni eufemismos.
  • Contribuir a una conciencia crítica, formando ciudadanía capaz de comprender la carga ética y política de las palabras.
  • Visibilizar a las víctimas, no desde estadísticas impersonales, sino desde su humanidad compartida.
  • Educar en derechos humanos, para que las futuras generaciones reconozcan y denuncien cualquier forma de violencia estructural o exterminio.

Una tarea ética y política (aunque no partidaria)

La Educación Social no puede eludir este debate. No porque deba posicionarse en un partido o ideología concreta, sino porque su compromiso ético está con las personas y los pueblos vulnerados.

Si calla ante la manipulación de las definiciones, pierde su capacidad de ser herramienta crítica y transformadora. Si se atreve a nombrar y a educar desde la verdad y los derechos humanos, entonces se convierte en un pilar de resistencia frente a la desinformación y el silencio cómplice.


Conclusión

Definir lo que ocurre en Gaza no es un mero ejercicio lingüístico: es un acto de justicia.

El uso o la omisión de la palabra “genocidio” tiene consecuencias políticas, sociales y morales. La Educación Social, desde su raíz humanista, tiene la responsabilidad de nombrar, educar y acompañar a la ciudadanía en este proceso de discernimiento.

Porque en tiempos de manipulación y relativismo, las palabras son también un campo de batalla, y educar en su significado se convierte en una forma de resistencia y de dignidad.


👉 En definitiva, la Educación Social nos recuerda que sin palabras claras, no hay justicia posible.

Publicado en: Ahí fuera, Educación social

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